Resumen
Hablar de tecnologías y género
podría redundar en un ejercicio esencialista que llevaría a considerar
determinadas características, supuestamente femeninas o masculinas, como
explicativas de las diferencias de uso y afición por las TIC y quizás influye
en que las mujeres tiendan a percibirse como tecnológicamente menos competente
que los varones, a pesar de que en muchos casos no lo sean.
En el contexto específico de
la educación virtual, consideramos que es un campo en el que las mujeres
participan de forma activa y que sin embargo, tal y como sostiene Natasha
Patterson (2009), está todavía poco explorado.
La importancia de este enfoque
se hace aún más patente teniendo en cuenta que las mujeres han encontrado diferentes
ventajas en la formación profesional virtual. Los modelos pedagógicos feministas
no han estado exentas de debate debido a que el uso de tecnologías en los
procesos de enseñanza-aprendizaje no es en ningún caso neutral.
Históricamente las mujeres han
sido las principales facilitadoras de apoyo emocional en las redes comunitarias.
Si bien las mujeres suelen hablar con menos frecuencia en los debates
presenciales, esta tendencia se modifica en la docencia virtual en la que su
participación escrita suele ser superior a la de los compañeros varones.
Se ha mostrado que las mujeres
estaban más interesadas en aprovechar la experiencia para reflexionar
colectivamente sobre las propias prácticas docentes que simplemente en aprender
prácticas didácticas innovadoras.
En relación a la pedagogía
cabe destacar que si bien todas las docentes se encuentran bajo el paraguas
común de la pedagogía cyberfeminista, las formas de su aplicación no son
idénticas. Las mujeres que conforman este grupo suelen tener conocimientos
previos de Alta experiencia.
Los cursos virtuales permiten
e incluso facilitan el diálogo y las conexiones complementando, por lo tanto,
las ‘maneras de conocer’ de las mujeres, son conocedoras conectadas que dan
sentido a la realidad, al asociar los nuevos conocimientos con las experiencias
en el contexto de las relaciones.
En este sentido, las teorías y
prácticas feministas conllevarían una pedagogía que parte del reconocimiento
constante de las relaciones de poder existentes en la sociedad y, por
consiguiente, en todo proceso de enseñanza-aprendizaje. Este punto de partida
implicaría no sólo el cuestionamiento de las posiciones estructurales de
autoridad; sino que apostaría también por la inclusión de actividades
emancipadoras. Para ello, en la clase feminista, se tendría que respetar los
ritmos personales, creando espacios donde se valoren tanto las voces como los
silencios, al mismo tiempo que profesoras y alumnas explicitan sus posiciones
para poder trabajar desde una perspectiva interseccional.
En este trabajo pretenden
favorecer el reconocimiento de la necesidad de investigar sobre los procesos de
aprendizaje virtual desde el feminismo, presentar herramientas para el
análisis, mejorar una experiencia en curso y, finalmente, ofrecer unos primeros
resultados sobre los que seguir reflexionando.
Referencias Bibliográfica
Biglia, Bárbara y Jiménez,
Edurne (2012). Los desafíos de la pedagogía cyberfeminista: un estudio de caso:
Learning Networks Athenea Digital.
Anderson, David & Haddad, Carol (2005). Gender,
voice and learning in online course environments. Journal of Asynchronous
Learning Networks, 9(1), 3-14.
Anguita Martínez, Rocío &
Alario Trigueros, Ana Isabel (2004). Mujeres y educación en la era digital:
¿nuevas oportunidades para la igualdad? Revista de tecnología de la información
y comunicación educativa.
Anguita Martínez, Rocío &
Ordax, Excelita (2000). Las alumnas ante los ordenadores : estrategias y formas
de trabajo en el aula. Revistas de la UHU Comunicar: revista científica
iberoamericana de comunicación y educación Comunicar, 14, 218-224, Extraído el
23 de Octubre de 2012.
hola me gusto como resumiste tu trabajo, aunque te hizo falta un poco ms de referencia :)
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